12 junio 2006

Mediterráneo exprés



Para que el blog alcance a la vespa (que ya está descansando en Tarragona), estrujaré unos cientos de kilómetros en pocas líneas, los que van desde Almería y el cabo de Gata hasta la costa sur tarraconense.

Del cabo de Gata es mejor enseñar fotos, pero os diré que es un paisaje tan magnético (¿preferís telúrico?)por el contraste: por un lado, la placidez del Mediterráneo, un mar que echa la siesta, luminoso, radiante; por otro, la violencia de las montañas volcánicas, negras, bruscas. Y los pueblitos blancos, que parecen egeos, ya volcados al turismo pero en general discretos y amables. Eso sí, de repente, junto a un acantilado basáltico o junto a una playa virginal, aparecen media docena de apartamentos amorfos con una pista de tenis de rojo chillón que enciende las ganas de restaurar la pena de muerte para algunos constructores y concejales -o al menos la condena a escuchar una docena de veces seguidas las tertulias de estos interminables días sobre la posible alineación de Luis Aragonés-.

En Murcia, como ya adelanté, hice una parada muy nutritiva gracias a la hospitalidad de Miguel, Su y JM. A Murcia la tenemos olvidada, allí en el córner, pero es una tierra que ahora vive en ebullición, decidiendo qué quiere ser y cómo. No voy a dar la paliza sobre el agua, el ladrillo o la realidad nacional cartagenera, pero leer el periódico en Murcia es una actividad más interesante que en muchos otros sitios; y ya os contaré en otra ocasión cómo descubrí una bahía enterrada en escombros minerales y el hermoso paseo por unas dunas fósiles, pero por ahora sólo apuntaré las palabras claves de mi estancia murciana: zarangollo, michirones, chapapote de verdura y chapapote de marisco.

Desde el Mar Menor, esquivé toda la costa levantina para meterme por el interior. Ya lo siento, pero la costa mediterránea, con alguna excepción acorralada, es una inmensa hilera de bloques de apartamentos, hoteles, discotecas y chiringuitos. Como un supermontaje de fichas de dominó de esos que hacen para batir récords Guiness: si empujas un bloque de apartamentos en Estepona, van cayendo todos en línea hasta la Costa Brava.

Así que subí hacia Alcoy (Alicante, donde me acogieron Eduardo y Teresa), Xátiva (Valencia, curiosa ciudad, en cuyo museo cuelga boca abajo un retrato de Felipe
V, el rey que ordenó quemar la ciudad, y por eso ahora a los del pueblo les llaman "socarrats") y la trastienda montañosa de la Comunidad Valenciana.

Aunque no lo parezca, hay vida más acá de las playas. El interior alicantino, valenciano y castellonense esconde unas cuantas joyitas: serranías olvidadas, valles silenciosos, ríos que abren cañones imponentes. (Es una cosa tremenda: los ríos, en todo el arco mediterráneo, son ríos vegetales. Uno va por la carretera, cruza un puente, ve un cartel que anuncia un río pero no ve ninguna corriente de agua: pero sí un cauce de naranjos y huertas, una pincelada frondosa de verdor sinuoso en medio de la aridez).

Mi descubrimiento más destacable: las gargantas del río Mijares, uno de los pocos ríos levantinos que nace más atrás de las montañas costeras, que recoge aguas y nieves en Aragón, y por eso forma un curso bastante regular y potente, capaz de abrir desfiladeros.

Llegué a Montanejos, villa termal, al pie de una red de barrancos y cañones. En la misma orilla del Mijares, en la boca de un desfiladero calizo, descubrí la Fuente de los Baños, de la que manan 6.000 litros por minuto, a 25 grados. Allí se forma una piscina natural tibia (la de la foto), que estaba casi desierta a las 9.30 de la mañana. No tenía a mano la toalla ni el traje de baño, pero la tentación era irresistible, así que en un pispás me despeloté (no hay foto) y me di uno de los mejores baños de mi vida. Nadé hacia el interior del desfiladero, yo solo entre paredones calizos, entre luces y sombras, escuchando el borboteo de las pequeñas cascadas que caían al río, asomándome a cuevas que se abrían a ras de agua. Y volví sedado.

Al salir a la playita de guijarros, leí en un cartel que cierto rey moro del siglo XIII construyó aquí unos baños para que sus favoritas se mantuvieran bellas y jóvenes. No voy a decir que salí de allí como una favorita de un rey moro, por aquello de mantener un poco la dignidad, pero sí que volví a la moto medio sedado y con un regustico glorioso.

Todo me parecía maravilloso, pero después de unos pocos kilómetros río abajo, en un pueblito llamado Toga conocí a un matrimonio que pasaba el fin de semana en el valle del Mijares. Ella había nacido en la comarca, pero vivía en Barcelona. "Mi familia se fue, como todo el mundo. Aquí ya no queda nadie, el valle está muerto. Esto era un valle importante, ya ves que hay un pueblo cada dos o tres kilómetros, pero, salvo Montanejos, los demás pueblos están casi vacíos, son como urbanizaciones a las que sólo venimos de vacaciones los que nacimos aquí. La vida propia de esta zona ha desaparecido. Ya sólo hay animales de dos patas. ¿A que no has visto ninguno de cuatro patas? Sólo viven por aquí unos pocos viejos, y ya no están para cultivar ni cuidar animales ni nada. Hace décadas la gente emigró a las ciudades, a las industrias, a la costa, y ya para rematar se pusieron a construir pantanos y mataron el río. Ahora el Mijares es un hilo de agua. Antes era un río potente, caudaloso. Si vas a la zona de Morella, al Maestrazgo, todavía queda algo de la vida de los pueblos serranos, pero aquí ya se extinguió".

Fui al Maestrazgo, al macizo de Peñagolosa, a los pueblos más altos de todo el Levante. Allí la gente vive a 1.000-1.200 metros, encaramados en sierras solitarias.
Las laderas están troceadas en bancales y terracitas. Vi un par de viejos recogiendo cerezas y cuidando olivos. Pero nueve de cada diez bancales están abandonados, devorados por los matorrales. Se aprecia que el bosque vuelve a subir desde el valle, que va recuperando las laderas perdidas antaño, los cipreses y los pinos crecen en las terrazas, cada vez más cerca de los pueblos. Al fondo, hacia el este, se ve la costa mediterránea y el destello blanco de las aglomeraciones, de los apartamentos, de los hoteles.

15 comentarios:

mi-tacua-uy dijo...

Uf! me cansé de leer, mirando el mapa a ver dónde quedaba cada lugar que ibas mencionando. Tomo nota, si algún día vuelvo a pisar la Madre Patria, tengo que pasar por la Fuente de los Baños. Sin palabras!

Rafa dijo...

Yo fui en bici desde Portmán (donde quizá esté esa bahía mineral de la que hablas) hasta Cabo Palos. Fue hace 12 años, pero confío en que la zona la hayan respetado, porque es una maravilla.

esnabide dijo...

¿has contemplado la idea de organizar una excursión en "guagua" (nombre que dan en sudamérica a los microbuses)por cualquiera de las zonas por donde estás pasando??

En esta última, incluyendo el baño en la FUENTE DE LOS BAÑOS ¡! que ganas....

eresfea dijo...

¡Tengo que ir al maestrazgo! Huele a paraíso.

Nahum dijo...

Hacho, nene, ¡eres de patica suerta, eh!

Miguel dijo...

Lo más curioso es que habla tanto y tan bien como escribe. Y si lo arrimas a un plato de sobrasadas con queso y le acercas un vino Ribera del Duero, no hay quien lo pare. Hablo de Vespander, claro.

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Ander: Zigor Aldama se disculpa por no poder entrar aquí y te deja un saludo en la anotación del sábado en mi bloc.
Yo también te saludo.

Ander Izagirre dijo...

Rafa, la has clavado: era Portmán (yo pensaba que el nombre tenía algo que ver con los ingleses, o con Natalie, pero no: viene de Portus Magnus). Una excursión en bici de Portmán al Cabo de Palos debe de ser una delicia. Supongo que pasarías por Calblanque (dunas fosiles, salinas y tal).

Murcianos keridos: patica suerta no sé, pero con el pimple y la jamada con que me cebaron Su, Miguel y JM, he tenido combustible para todo el Mediterráneo.

Eresfeo: tienes que ir al Maestrazgo, sí. Te daré un par de pistas.

Lucía: gracias por los saludos y los de Zigor. Yo tampoco puedo seguirle mucho, pero es un crack. Un periodista de los de verdad. Pronto tendrá mucho nombre. Ojo, pues, los que aún no conocéis a Zigor Aldama, seguidle la pista.

A mi-tacua-uy, gracias por sus visitas y comentarios constantes. Y que viva Tacuarembó.

Y, esnabide, que les soplen un poco a los barcos para que lleguen antes a puerto, que también ha llegado una vespa a puerto y también estaría bien que estuvieras gestionando ese atraque.

Ander Izagirre dijo...

PARA LOS BUCOS

Muchas gracias, bucos, por vuestros mensajes y vuestras motos de plastilina. A ver si puedo mandaros una foto de la vespa y vosotros me mandáis una foto de
vuestras motos. Y cuando acabe el viaje, me pasaré a visitaros y a dar una vuelta en la moto con el que se quiera apuntar (¡pero sólo una vuelta corta, no la vuelta a España!). Cuando yo era un bebé, mi tía Lourdes me tenía en brazos, se despistó y me caí al suelo.
Desde entonces tengo un bulto en el cráneo y hago estas cosas tan raras.

Me pica la curiosidad: ¿por qué os llamáis bucos? ¿Qué significa?

Un saludo desde Tarragona,

Ander

Rafa dijo...

Calblanque, Calnegre y demás, sí. Las únicas playas que he visto en el Mediterráneo que compiten con las del Cantábrico.

Ander Izagirre dijo...

Pues te faltan las del Atlántico andaluz, Rafa, campeonas del mundo. Huelva y Cádiz.

O Albardäo dijo...

aupa lagun, aspaldiko partez
pozik nago zu pozik ikustean
eta bai, neu be ahalegin horretan nabil, badakizu:
zu kaminando bespazito
eta ni
caminando despazito (pero por los tropiezos, je; aurkitzen ditudan zulo guztietan sartzen dut hanka!)
zaindu zaitez asko, eta goraintziak, nireak, Saioarenak, Maria eta Unairenak, eta nire aitarenak be bai
besarkada bat
i.m.e.

Rafa dijo...

No conozco el Atlántico andaluz, grave carencia. Pero he puntualizado al poner "Mediterráneo", ojo.

Erri-Berri dijo...

Yo mataría por poder escribir la palabra "desfiladero" en un texto.

Rafa dijo...

Yo nunca he oído la palabra "desfiladero" si no va seguida de "de las xanas", creo.